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Saturday, August 18, 2018

promo.alicia.underground

Y ayer oficialmente salió al mundo "Alicia Underground", mi novela interlaberíntica acontecida en las mágicas tierras de WonderOz. Edita Alfaguara México.


Monday, November 25, 2013

1er.paso


Aunque el fantasmal peso de la máquina se hinque en el ángulo más débil de su espalda, se atreve a dar un paso. Si sigue en pie, mañana el primer paso no será el primero -sino el segundo- y se habrá roto la maldición... Al menos por un día.

Tuesday, February 1, 2011

Lo que hice en mis vacaciones


Abrí la bolsa y vacié el escaso contenido sobre la mesa. Con una navaja corté el polvo oscuro y lo acomodé en una línea larga y delgada. Ni bien hube inhalado la pólvora, ardió la nariz y sonó el teléfono en la esquina del cuarto. Llamada de rutina, amenazaban con quemar la casa y los libros.

Se me hizo el pensamiento astillas, vi relámpagos, cuando doblé el pie un poco más de lo debido (el derecho para ser exactos) abordando un taxi en Santa Úrsula Coapa. Íbamos a recoger un auto del corralón. Let's call it a day.

Acomodé una playa frente a mis ojos con la ayuda de unos amigos. Ahí conocí a un cangrejo repleto de gusanitos blancos, dos perros chihuahuas y a una sirena malabarista. A la mitad de una noche, calurosa sólo como diciembre sabe regalarnos en la costa, tocaron a la puerta de mi cabaña. Naturalmente yo esperaba una visita del cangrejo, en el mejor de los casos. Y resultó ser la sirena. Quería una taza de azúcar para hacer un pastel. Le ofrecí también media docena de huevos y levadura. Para mi sorpresa, aceptó todo y desapareció para siempre. A la mañana siguiente, cuando quise hacerme unos huevos a las 12 del día y vi el refri vacío no me pareció tan divertido el episodio ni tan atinada mi galantería.

Corregí algunos puntos flacos de mi patrón con cuatro pelotas. Es más, puedo continuarlo casi indefinidamente. Si sigo con lo del malabarismo, escuchen: las pelotas suelen atraparse con la mano horizontal, con la palma hacia arriba. El truco nuevo -aprendido en la playa- consiste en lanzar y cachar -por periodos largos o cortos en la rutina de tres objetos- con la palma hacia adelante o incluso hacia abajo.

Aprendí el alfabeto Braile. Estoy seguro de que detrás de esos bultitos pálidos se esconde el universo completo. Con todos sus colores.
También conocí la palabra "nerviosante".

Después de un curso salvaje de carpintería/albañilería decidí levantar puentes nuevos. Ahora, zaz, tengo que destruir viejas construcciones de marmol para construir otras, pequeñas figuras de vidrio. Y cuando me rodearon los escombros, cayó el plomo de la noche. ¿Qué tenía a la mano para sobrevivir? Descubrí que un cuaderno tachoneado es un excelente techo a dos aguas.

En la oscuridad lamí el lapiz una y mil veces para dibujar mil y un hojas en blanco. Y en venganza por mi vagancia, de puro coraje liquidé medio cuaderno con dibujos reales. Pronuncié una palabra por cada millón que leí semidormido. Quise escribir y desescribir y adelantar el cuento que me existe. Todo esto mientras retumban los martillos y las grúas, muy a lo lejos, los puentes que se derriban, las torres que se transforman, los muros que se abren, los pozos que se alisan.

Descubrí que puedo mantener la cordura facilmente si sigo caminando.

¿Qué más hice en mis vacaciones? Fui miserable.

Fui un miserable.

En algún lado, probablemente en una sala de cine, hice una anotación mental. Torrentear el soundtrack de X una madrugada particularmente importante y frívola.

[...] me platicó sobre la dualidad, esos dos tipos de felicidad. Un asunto sobre la "experiencia" del momento y el "recuerdo" del momento. Es importante, creo yo. Preguntárnoslo. Happy about your life, happy in your life.

Quise trazar una línea que conectara todas las estrellas del cielo. El comienzo, o mejor dicho el trazo del comienzo, insistía en desvanecerse apenas a la mitad del recorrido. Una lástima. Se borraba el principio y después todo lo sucesivo; como una ola de amnesia que devolvía al cielo su estado original. Es desesperante tener tan mala memoria.

Calqué con el dedo, del mismo modo, el recorrido de las aves que vuelan y las moscas nerviosas. Como el aire no guardaba mi dibujo, intenté registrarlo en la superficie del agua. Sólo conseguí mojarme el dedo, perder el equilibrio y caer redondo al pozo.

Tallé en madera inversa poemas a ella y él, la personificación de lo inexacto. Luego derribé el tronco y miré el árbol. Regué la tierra. Esperé. Recogí la semilla del surco y abandoné el jardín para siempre.

Los acontecimientos particularmente malos suelen guardarse fácilmente en la memoria. La memoria, muy selectiva ella, se ancla del evento "distinto" o "anormal" para formar recuerdos. Cuando no ocurre nada significante en nuestra alegre vida será muy dificil recordarlo después. Vivamos tragedias. Ejercitemos la memoria.

Una hamaca, su cama, mi cama, la cama rentada, la cama prestada y un sofá-cama. Desperté varias veces a la mitad de la noche sin saber donde estaba. Y en algunas ocasiones volví a cerrar los ojos con la abrigadora certeza de haber dado con la duda correcta.


Ilustración: Revista Nexos

Wednesday, January 19, 2011

¿Dónde están los dibujos? (I)

La sed abre la puerta. Al centro de la recámara, hay un cuaderno y un cepillo de dientes. A un lado, algo que parece un lápiz de punta chata. Equipaje ligero sobre la silla; un café frío se muere sobre la mesa. Sin duda algo vivo habita este lugar.

Seguimos la línea de pasos, esa cobarde la ruta que se desprende. Al fondo, en la pared de la ventana, la sorpresa nos provoca un poco de miedo. Detrás de la cortina púrpura se dibuja una silueta y dos pies asoman por abajo.

Saturday, December 4, 2010

Sueños atípicos

Dr.K: Volvamos a sus sueños atípicos. ¿Usted.... pierde conciencia absoluta de ser un insecto? ¿Desde cuándo que sueña esas cosas? Son inmundas, valga mi atrevimiento.

Georges: Lo sé, es casi avergonzante. ¡No soy yo, doctor! ¡Tampoco es mi cuerpo! Me muevo como un autómata, estoy encerrado en un vehículo de carne rosa, inmenso como un rascacielos. Soy testigo del vértigo, el calor, la sangre dentro de su piel... Los odio tanto, doctor. Tengo miedo de mí mismo en mis pesadillas.

Dr.K: Bien por hoy. Nos vemos en una semana. Y trate de soñar otras cosas, Geoffrey. Usted es un buen hombre, puede darse ese lujo.

Georges:
Gracias, doctor, creo que me siento un poco mejor ahora. Comienzo a recuperar el aleteo.
. . .
Otro caso para la araña-- aquí: http://betteo365.blogspot.com/2009/06/895.html

Friday, October 22, 2010

Ideas (2)

Quiero escribir, pero no sé qué es lo que voy a escribir. Es casi idéntico a la manera en que dibujo.

Estoy al borde de la alberca. No sé qué temperatura tiene el agua, no sé cuan profunda sea. En el pasado, me he arrodillado para sumergir un dedo. Medir el PH. Calcular la distancia del fondo. Abominable calculador. No más. Brinquemos pues. Sé que alguien me esperará afuera con una toalla, o tal vez con una ambulancia. Si es que salgo.

Últimamente no me gusta dormir. Me aleja del mundo que tanto me abruma, no quiero perderlo de vista un segundo.

Arcoiris de hemeroteca, flor de sodio. Ríos de semen. Chocolate blanco, miel de ozono. Hoy tampoco tengo color. Llueven gotas gordas.... llenas de nada.

Ella espía dentro de un cubo de origami, como quien no tiene prisa. Como quien tropieza con una piedra amable que se repite milagrosamente en el camino. Adentro del cubo hay arañas mágicas. Son mis manos tristes.

Los albañiles siguen construyendo cosas a ambos costados de la casa. Levantan paredes, martillan, verticalizan. El cielo del jardín se achica. Parece que nos hundimos en el suelo y la casa no se ha movido ni un centímetro.

Fechó mis cuadernos de dibujo. Puso un poco de orden en mi pasado.... viendo que no se le puede poner orden a mi presente. Y a veces, siento que mis dibujos es el único pasado que tengo. Llegamos al 35 y nos detuvimos. STOP. Quedan etiquetas sin usar (etiquetas azules), pero se acabaron los cuadernos (de todos los colores). Diez años, revisados, numerados, muy amados. Otro laberinto resuelto. Y adelante, caminantes.

Queda mucho por hacer. Y habrá que deshacer.

Salgo de la alberca. Soy friolento, tiemblo como siempre. Dicen que hay sol y pasto y cervezas en algún lado.

Wednesday, October 20, 2010

Ideas (1)

Una lágrima resbala por el costado de mi cara mientras observo la belleza del techo. Ella me lee a Nabokov.

"Me encantan tus colores", me dicen muchos... y frecuentemente.

La felicidad me persigue, me escondo debajo de la cama. Ahí hay arañas, hola viejas amigas. Hagamos una fiesta. Droguémonos.

Tengo diez uñas en las manos. Cuatro de ellas, las más izquierdas, ahora son morado oscuro. Quiero las diez y las diez negras. What a weekend. ¿Es facil encontrar barniz negro?

Nubes de vidrio, aves de alambre. Sol de cebolla, luna de leche. Hoy no tengo color.

Soy lento, soy rápido. Soy obsesivo, soy desapegado. Amo lo que odio, odio lo que amo. Amo lo que amo. Odio lo que odio.

Cambiemos de tema. Esto no es un art-blog. ¿Lo sabían? Es un hemisferio de mi cerebro. Tengo mala memoria, no recuerdo cual es cual y... ¿cuál hace qué?

Isabel desdobla la flor de papel, es paciente. ¿Qué habrá adentro?

Iris. ¿Quién es ella? El Dr. Lacan habla del "objeto perdido". Bingo.

Ariadna y mi laberinto. La combinación es indescriptible.

Quise escribir un cuento. Sobre un hombre que desdibuja. Escribí uno hace meses donde alguien eliminaba el color de una pintura. Pero... este cuento es distinto. Sobre todo porque NO está escrito. Es así: El protagonista desdibuja su sillón. Lo consigue, puf, ahora sólo vemos las marcas de las patas en el suelo polvoso. El mueble ahora sólo existe en su cuaderno de dibujo. Ante su sorpresa, ¡vaya magia!, él decide desdibujar a su casera. O a su jefe. O al verdulero, who cares. ¡Funciona! El hombre, por algún motivo no descrito, resulta ser el primer sospechoso por la desaparición de dichas personas. GOLPEAN a su puerta. Él no sabe manejar la situación. Hace su autorretrato rápidamente. Se desdibuja a sí mismo para escapar; fin de la historia. La policía rompe la puerta, el departamento está vacío. Sólo hay papeles y dibujos.

No hay nada mejor en el mundo que la risa de una mujer.

No hay nada peor que sentirse responsable de un llanto ajeno.

Sé lo que me gusta. Sé lo que me disgusta. Pero no me basta saber eso.... para conocer quien soy en realidad.

"¿Realidad?" Ése que es un muy buen chiste.

Soy sincero pero soy amable. Agua y aceite.

Construir y destruir es básicamente lo mismo; depende exclusivamente del sentido de las manecillas del reloj.

Etc.

Sunday, July 11, 2010

Gratitud


Consideramos nuestros ojos como espejos del alma. Cierto.
Consideremos nuestras manos como el espejo del cuerpo. ¿Acaso no?

El final de nuestro cuello culmina en lo más poderoso del Universo Conocido: el cerebro. El final de nuestros brazos culmina en el objeto más hábil de la historia: las manos. Arañas mágicas. Omitidas, menospreciadas, restas fáciles a la hora del total. Pero... con ellas se ha hecho todo. El mundo es su esclavo. Las de ellas, las de ellos. Corrigen, producen, logran, pecan, aman. Destruyen, construyen. Acarician, golpean, e incluso dudan.

Las miramos todos los días, hola viejas conocidas, cómo están. Pero pocas veces las admiramos por lo que son. Y por lo que son capaces. Merecen asombro... Objetos tan bellos que resultan dificiles de dibujar, incluso de fotografiar. Casi imposibles de describir. Poesía y biología. Música para los ojos.

Y lo mejor de todo: son nuestras. Observa. Dos veces. Es absolutamente increíble.

Thursday, May 27, 2010

Polvo de estrellas

Sin duda fue un regalo de algún familiar que nos traía cosas de los Estates. Hoy lo veo como nada del otro mundo, pero en su momento me habrá hecho el niño más burgués de la colonia. Y no sólo era un juguete gringo: era mágico. Y si olvidé al adulto responsable de tanta felicidad es porque a los niños -sobre todo a la hora de los regalos exactos- nos importan los Efectos, nunca las Causas.

Recuerdo las imágenes grises enmarcadas de rojo. Y puedo escuchar los sonidos. El crujir del mecanismo oculto cuando movía sus dos perillas. "Algo" había ahí dentro, era increíble. Tal vez era un pajarito hace-todo salido de los Picapiedra. Aunque, seamos francos, me habrán bastado cinco minutos para descubrir que una rara punta anclada a dos ejes hacía el trabajo. Pero...¿como se movían los ejes? Eso sí que me resultaba enloquecedor. Mientras más rayaba, mientras más manipulaba las perillas redondas y blancas, más crecía el agujero en la pantalla. Y sí, se veía algo, una revelación a medias dentro una tabula-rasa para niños. El truco de los ejes sucedía en la parte oculta debajo del marco. Un marco rojo perfectamente copyrighteado a través de décadas y décadas.

Movías una perilla y conseguías horizontales perfectas. Movías la otra y podías trazar verticales. Movías las dos simultáneamenete y conseguías algo parecido a diagonales y curvas y escaleras mutantes. Y no sólo gozaba dibujar con ello. La otra mitad de mi deleite provenía de algo que perfeccioné hasta el límite: causar asombro a los adultos.

¿Cómo era posible que yo pudiera hacer algo que ellos no? O al menos, eso decían. "¡Miren como Marcelo hace un círculo!" "¿Hiciste toooodo eso con una sola línea?". Si yo hubiera podido explicarles usando sus palabras les hubiera dicho: "Tengo paciencia infinita porque soy un niño obsesionado con la perfección". De por sí mis dibujos causaban cierto impacto, pero que los hiciera con un aparato lleno de polvo plateado era inaudito. Y los borraba cuando los terminaba. Como si yo fuera de otro planeta. O al menos, eso decían. Me enorgullecía enormemente de ello mientras se iba formando algo nuevo, una especie de droga sintetizada en los laboratorios de la autestima: se formaba un vínculo de "respeto". Un vínculo que, en mi febril cabecita, creía merecer sólo gracias a mis talentos y no por mi encantadora existencia. Vaya vaya.

Hoy utilizo otras máquinas para dibujar. Observo una pantalla fijamente durante horas mientras mis manos hacen cosas considerablemente abstractas. He tratado de explicárselo a algunos. Hoy vivo del mismo asombro propio y ajeno. Vivo del mismo juego. No podemos desconectarnos de nuestra infancia, del mismo modo que al árbol sigue torciéndose pero sostenido de su misma raíz. Nunca lo había pensado de ese modo. Infancia feliz o infeliz, eso nos lo inventamos de grandes.

El origami me enseñó la transformación de la forma. La magia me colocó en la primera fila de la física y la matemática. Los libros me enseñaron a pensar. Pero el Etch-A-Sketch, juguete individualista, me dijo: "la soledad está de súper lujo". La Tierra ha girado miles de veces sin que yo me diera cuenta y veo que mis juguetes individualistas me adhieren más y más a mis principios de hierro.

Volvamos a mi vieja máquina de dibujar. También recuerdo su deterioro; la manera en que poco a poco perdía su sustancia maravillosa. (Hoy sé que es polvo de aluminio cargado de estática). Tanto nos amábamos ella y yo, esa limadura tóxica... y aún así la ingrata escapaba irremediablemente por las perillas. Una enseñanza temprana sobre el amor. Me aterraba la idea de que un día de mierda mi Etch-A-Sketch perdiera su poder. Porque yo era un pequeño experto en querer abrirme las venas por cualquier cosa. Ahora soy una gran experto. La tristeza propia, siempre infinita... (me río)

¿Qué pasó con mi Etch-A-Sketch? Nunca lo sabré, tal vez algún adulto miserable lo tiró al boiler cuando lo remplacé por un videojuego.

Necesitaba escribir esto para redescubrir su existencia y corroborar la mía. Como si su cuerpo rojo fuera la explicación de todas las cosas. En mi lecho de muerte, como Charles Foster Kane, pronunciaré esa palabra anglopastosa y mis enfermeros futuristas no entenderán nada. Obviamente no se trata de un trineo, la historia no puede ser la misma. Se trata de mi vieja pantallita mágica. Esas cosas perdidas por las que vale la pena vivir (recordando).



Saturday, April 10, 2010

Bajo su piel

Abrimos los ojos, estamos decididos. Vamos a quitarle la piel a la máquina. Empezando por arriba, el color del cielo puede rebajarse con dos litros de solvente que se desvanecen en el aire. Después de unos minutos las nubes comienzan a mostrar sus bordes de alambre... Mientras, nos pasamos un trapo por los dedos.

Retirar los colores terrestres nos lleva más tiempo. La pintura apenas se despelleja, buscamos las ansiosas pestañas para levantarlas con la uñas y arrancar el listón completo. Los peatones nos ponen nerviosos de tanto mirarnos. Si con los ojos pudieran ayudarnos, nuestras manos invisibles terminarían más rápido su trabajo. Manos nocivas, manos decoloradoras.

Un humano de ciencia divina se acerca a su micrófono. ¿Creemos que es posible revelar los engranes perdidos del Universo sólo eliminando la pintura? ¿Desnudando el dibujo? ¿Quiénes somos para husmear ahí, detrás del telón, como pequeños dueños del mundo? Somos el mundo, digo yo, hacemos con él lo que queremos. Yo no uso micrófono, estoy ahí abajo, en el callejón raspando y tallando cada color de las paredes.

El último pedazo de sepia ha desaparecido al fin. Los rojos permanentes -por estar un poco oxidados- no se sueltan. Se aferran a la tela como una sanguijuela ardiente; hay que azotarlas hastan desinflarlas. Hasta que se vuelvan transparentes.

No me sorprende que el dibujo siga sostenido en el aire. Tendrá frío, pero no pierde el piso ni el equilibrio. Le estamos robando sus kilos de pintura, ¡claro que se ha dado cuenta! Flotando y aguantando, mientras se le lavan las últimas escamas de naranja, de lila, de oliva.

Ahora todos sus colores están en nuestra ropa, está sucia, va para lavar. Junto con el trapo, que está saturado de pintura. Tomamos aliento, nos pasamos el dorso multicolor de la mano por la frente. Prendemos un cigarro. Delante nuestro cuelga el móvil inmóvil... No se ve nada detrás ni trasluce más que el color del aire. Eso tampoco nos extraña. Nos despedimos del dibujo y cerramos los ojos.



Sunday, November 15, 2009

Otros triángulos (nocturnos)

Pedazos húmedos de aire
Techumbre de savia
Cuatro cañas sosteniendo la noche
---
El silencio de los zumbidos
Comezón azul
No hay aire que mueva las ramas
---
Luna vegetal en la puerta abierta
Como una nube enganchada
En el rostro dormido
---
Verde y negro y verdenegro
Como trenzas incompletas
Por los grillos
---
El ronquido del ave
La lluvia quieta
Pero el horizonte mojado

Tuesday, November 10, 2009

Más triángulos

(nov. 2009)

Su rincón del parque
El guante ensangrentado
Una astilla en el ojo
---
Desde aquel invierno
Por aquel invierno
El más insoportable invierno
---
Una nube de moscas
Un hueso flojo
Otro año perdido
---
Esqueleto de pescado
Media lancha
Espuma seca
---
La hebra de leche
Sobre el fuego oscuro
Los lentos minutos

(andamos optimistas, che!)
(aún así, creo que he mejorado...)

Sunday, November 8, 2009

Base por altura (entre dos)

LO BUENO SI BREVE DOS VECES BUENO.
Profecía cumplida por el aforista, el haikunómano. Y algún tuitero.


Ustedes me regalaron algo así hace un tiempo, cuando terminé "Mundos Invisibles". LINK

Y ahora, yo les regalo esto que encontré en la bodega. Es breve (...y seis años después ya no estoy seguro de que sea bueno). Les llamaba "triángulos".

Cada ángulo es sostenido por los otros dos, formando una figura libre y autocontenida. El concepto es interesante. Vale la pena regresar a él.


Triángulos (feb. 2003)

Una maceta rota con las raíces de fuera
Un perro que ladra a un extraño
Una tubería que gotea
---
Un libro abierto boca abajo
Un gusano de ceniza con cabeza de colilla
La televisión silenciada
---
Un piano muy quedo
La cortina flotando pesadamente
La silla que cruje
---
Un periódico volando por la calle
Un claxonazo discreto
Tres figuras vestidas de negro
---
Un hombre examina las estrellas
Un arco de piedra invadido por enredaderas
Un trueno a lo lejos
---
Olor a lentejas
La radio prendida
Isabel al teléfono

Monday, June 1, 2009

El pozo en el centro

¿Habrá algo más impresionante que un pozo en el centro de tu recámara? Puede que lo haya, pero hoy no escribo sobre posibilidades. Escribo sobre lo que veo y sobre lo que temo. Una enorme boca redonda sin dientes. A un metro de la cama.

La recámara es un cuadrado perfecto. Hay un pozo en el centro. Todo lo que escribes, todo lo que piensas, todo lo que dices, se inclina ligeramente hacia él sin importar la orientación del papel o el ángulo de la pluma.

Los dos tablones que cubrían la boca del pozo han desaparecido en la mañana. También han desaparecido la puerta, mis zapatos y la ventana. Sólo quedan el foco desnudo, el colchón y algo parecido al horror.

A distancia segura, me asomo al agujero. Su orilla es débil, se desmorona con el peso de los ojos. Y no alcanzo a ver nada más allá. No escucho agua. Tampoco el sibido del viento atrapado. Me pregunto que tan profundo será. Tal vez haya que caer en él para saberlo. Tal vez deba arrojar algún objeto para escucharlo rebotar contra sus paredes y golpear finalmente contra la gelatina del fondo desconocido.

El miedo crece mientras trato de penetrar su oscuridad con la mirada. Es como si la sustancia oscura del vacío jalara de mi cara. El terror de sentirse insignificante. Cualquier cosa deja de ser importante cuando estás al borde de un enorme agujero en tu propia habitación.

Busco un pedazo de cemento, una loza suelta. Camino con cuidado, examinando las paredes. Arranco un trozo suelto de cal para arrojarlo a la bestia. Algo que excite a la pupila negra.

El trozo de cal es tan ligero que desaparece si hacer ruido alguno. El pozo parece inmenso en comparación. El efecto es terriblemente real: ahora el agujero ha crecido y se ha tragado la cama.

Pánico. La pluma con la que escribo esto ha resbalado de mi bolsillo y cae al piso.

Rueda lentamente hacia el centro de la habitación: obedece a la repentina inclinación del suelo. La pluma desaparece también. Imagino que cae, pero ni los dibujos ni el pensamiento ni las letras pueden predecir lo que será de ella.

Tengo un encendedor en el bolsillo. Con la espalda contra la pared, prendo un fuego desesperado a lo que estoy escribiendo. ¿Es eso posible? Dejo caer el papel en llamas por el círculo negro. Se deshace en cenizas mientras flota en el aire antes de ser tragado. La débil luz anaranjada que despide se ahoga en la prof

Sunday, April 19, 2009

839 (bis)

"Cuando nazca nuestro hijo," dijo ella, "quiero que derribes ese árbol".
Con las manos sobre la barriga de siete meses, terminó la sentencia: "Pondremos un columpio rojo. Brillante y de metal para que dure por siempre".

Al día siguiente, él tiró el árbol con su sierra eléctrica. Serruchó las ramas y arrastró el tronco a la cochera. Ahí y durante semanas, el hombre cocinaba un secreto. Iba al trabajo en el día y se escondía en la cochera en la noche. Se acostaba en la madrugada. La sábana apenas lo cubría cuando él quedaba dormido al lado de aquel volcán en erupción.

Sus dedos comenzaron a llenarse de ampollas. Las ampollas se covirtieron en nuevos callos. En la oscuridad de la cochera, la sorpresa casi terminada esperaba en silencio el día señalado. Olía a madera cruda y a aserrín. Y a un poco de sangre.

Una semana antes de lo previsto, escuchó una voz desde el baño: "Llévame al hospital. Las contracciones...".

Mientra ella esperaba en el auto con los ojos cerrados, él colocó en el asiento trasero un gran bulto envuelto en una cobija. Tal vez pesara un poco más que ella. Pero menos que el tronco de aquel árbol derribado. Detalles sin importancia. Su esposa miraba por la ventana todas las mañanas y nunca volvió a mencionar el columpio o algo sobre aquel triste tocón en el jardín. Sumida en esa extraña tristeza, ella tampoco cuestionaría que su marido acarreara un objeto gigante al hospital el día del nacimiento de su hijo.

La mujer y el bebé murieron en el parto. De regreso a casa, el hombre arrastró a la calle lo que había en el asiento trasero. Y lo quemó.

Era una réplica a escala del pueblo en el que vivían. Las dos granjas, la escuela, la estación de policía. Una colección de vacas que pastaban detrás de la diminuta cabaña del herrero. También había un herrero pequeñito y muchos habitantes del pueblo. Usó sus herramientas para tallar los ojos hundidos del barrendero. Usó una gubia nueva para detallar el uniforme del guardia del banco. Levantó con sus manos el Ayuntamiento, la taberna, el molino y un par de perros de madera. Incluso, labró el rótulo del mercado y no olvidó la pequeña camioneta abandonada a la salida. En las noches, soplaba el aserrín de sus figuras hasta quedar mareado.

Todo se prendió enseguida, pues mojó la maqueta con gasolina del auto. Con los ojos húmedos por el humo, el hombre logró ver como se incendiaba la versión en madera de su hijo no nacido. Fuego en miniatura para su hijo en miniatura. Una figura tan chica e indefinida que se lastimó la mano tallándola. Un niño que nunca abrió los ojos para ver el pequeño mundo que él le había preparado. Como un tonto.

A la mañana siguiente el hombre fue a examinar las cenizas. El fuego había hecho su trabajo... pero no pudo con todo. Borró La Banca de los Enamorados, borró el tractor, borró su casa, pero no borró algo. No hablamos del "recuerdo", que eso estaba guardado para siempre en algún sitio en el interior del hombre. El fuego había dejado todo negro y consumido... Todo menos una cosa.

Junto a la réplica carbonizada de su casa y de las pequeñas cenizas de su esposa a escala, sonriendo entre el polvo negro que alguna vez fue su pequeña cochera, había un sobreviente. Intacto por las llamas. No más alto que un salero. Era el árbol.

Thursday, April 16, 2009

La terrible lección del Dr. Fractal

No se escucha nada más allá de las ventanas rotas y los pupitres vandalizados. "¿Cuándo llegará?", "Promete pero no cumple..." ,"Tengo hambre...", "Tengo sueño...", piensan las inquietas consonantes. De pronto, habiéndose escuchado los reconocibles pasos mudos en el pasillo, irrumpe en el aula el Dr. Fractal. Bajo el brazo trae un archivo digital y hojas cuadriculadas para todos.

DR. FRACTAL: Veo que algunos de ustedes encontraron graciosas similitudes con el Triángulo de Sierpinski. Me los puedo imaginar llenando sus apuntes con esa bobada. Perdiendo el tiempo de clases.
X: ...
Y: ...
Z: ...
DR. FRACTAL: En cambio, en este ejercicio quedarán confundidos y atónitos. No se parece a nada, no sirve para nada, pero demostraremos el funcionamiento de los fractales basándonos en una divertida ecu--
Z (impaciente): ¿Y entonces?
DR. FRACTAL: Partimos del cuadrado rojo.
Y: ¿Tiene que ser rojo?
DR. FRACTAL: Naah.. es sólo para que sepan dónde arranca todo el merequetengue. De dónde se forma el abanico mágico.
X (doblando su papel): ¡Terminé!
DR. FRACTAL (sin hacer caso): Sólo necesitamos formular un patrón para saber qué hacer. Presten atención:

a) Si NINGUNO de los tres cuadrados colindantes superiores está pintado, dejamos el cuadradito VACÍO.

b) Si UNO de los tres cuadraditos colindantes superiores está pintado, RELLENAMOS el cuadro.

c) Si sólo DOS de los tres cuadrados colindantes superiores están pintados, dejamos el cuadro VACÍO.

d) Si los TRES cuadrados colindantes superiores están pintados, ¡RELLENAMOS el chingado cuadradito!

Z (visiblemente aburrida): No entiendo.

DR. FRACTAL: Cero o dos arriba: NO pintamos. Uno o tres arriba, pintamos. (Se acomoda los lentes que se le resbalan por su nariz de buitre.) Veamos el Diagrama 1. El primer NO es vecino de tres cuadraditos en la fila de arriba: el superior izquierdo, el que está exactamente sobre su cabezota hueca y el de la derecha arriba. Los tres están vacíos. Obedecemos la regla a) y lo dejamos sin pintar... Duh!
X: El siguiente cuadrado, el que dice SI, tiene un cuadrado negro arriba a la derecha, además de los otros dos vacíos. Lo rellenamos. Regla b).
DR. FRACTAL (emocionadísimo): ¡Eso!
Y: No es negro, es más bien... rojo.
Dr. FRACTAL: Da igual... Y así seguimos, uno por uno, fila por fila. Cuando terminamos con la primera fila, seguimos con la de abajo. Diagrama 2.
X (repite): ¡Que ya terminé!
DR. FRACTAL: Esta clase será corta, porque tengo cita con el pedicurista. Les dejo el resto de tarea... Y jovencita X, usted debe enterarse de algo: no hay manera de terminar esto. El misterioso patrón sigue al infinito, cada vez más grande, endemoniadamente bello pero sin orden aparente.
X (presumida): La mitad izquierda será idéntica a la mitad derecha, naturalmente.
Y: Yo tampoco entendí.
Dr. Fractal (levantando una ceja, haciéndose el interesante): Ahora imaginen: ¿Qué resultaría si inventáramos otras reglas? ¿O si hacemos que los colores intervengan en la fórmula de crecimiento? Necesitaremos computadoras, sin duda.
Z (con una extraña chispa en los ojos): ¿Mac o PC?

El Dr. Fractal ha salido. Seguramente está llamando a un taxi desde el salón de profesores. Las consonantes guardan sus útiles con urgencia. Piensan dejar la tarea para otro momento. Por suerte, la "pobre Y" grabó la lección con su Blackberry y Z sólo está de oyente.

ERRATA
Por algo titulé el post "La terrible lección...". Mi querida Bastet no sólo encuentra un error en la fila 10. También nos ofrece una versión automática del juego que llamo "Autómatas". Así lo bautizó aquel maestro fractalómano de mi pasado y con ese nombre me conformé. Sorprendentemente, si una computadora obediente y una curiosa programadora se encargan del asunto, logramos eliminar el desastre humano y se asoma una especie de patrón creciente de triángulos invertidos. Me encantaría verlo en gran angular. Por lo pronto: Ooohhh!



Friday, March 13, 2009

Sombrero

(Sobre un cielo de plomo azúcar).
Veinte peces prisioneros se adhieren como caramelo al firmamento. Tal vez desean -aunque sea sólo por un día- ser cometas de mercurio, perros de agua, veinte bizcochos de fuego en la bandeja de una princesa. Se vale soñar.
Luchan por salir, lloran sus cuerpos. Sus lágrimas imposibles se alargan libremente hacia el pozo. El fluido dulce, uno para cada par de agallas, forma una telaraña de hilos incandescentes.
Los hilos terminan en un sombrero.

Wednesday, January 28, 2009

Más allá


Claro, nosotros tenemos la pirámides. Pero no es lo mismo.

En un mal inglés, pero de buen humor, dije a Alim y a Tommaso: "El impulso es enorme. Quiero que me tomen una foto aquí, con mi cámara, parado frente a esto". Un día reniego el grande ego del turista y al día siguiente una fuerza invisible me quiere empujar hacia el lugar más común. La confesión finalmente no pasó de ser una broma entre el colega moscovita, el agente italiano y el pseudo-mexicano. Recobré la razón y en la punta de la montaña traté de capturar sólo el cielo, la piedra milenaria y la ciudad allá abajo, esperando paciente.

Recorrimos muchos lugares. Apresuramos todos los pedazos de historia y vida mediterránea que nos permitió la semana y el Festival. Tal vez yo era el más asombrado.... Por mi distancia geográfica, por mi encierro profesional, por mi duda sobre la existencia de un mundo más allá del océano.

Ese mundo lejano existe. Y resultó muy bello.

Abrí los ojos, hurgué mis bolsillos y revisé mis recuerdos. Descubrí que -por primera vez- no había sido un sueño.

Saturday, October 4, 2008

Escribir sobre el agua

Tantas cosas que podría estar haciendo en este instante:

Preparar las maletas, barrer la casa, regar las plantas, alimentar este cuerpo reseco y abandonado, mirarme al espejo (y descubrir, por ejemplo, que ya traigo barba de náufrago), dormir y soñar con campos repletos de grillos, dibujar los mil pendientes gráficos que debo a las mil personas a lo largo del globo, rotular mis nuevas páginas de M.I. (porque imagino que más de uno querrá saber a dónde va a parar la piedra lanzada por El Poeta en la pág. 39)...

Podría estar recorriendo las calles de piedra y arbusto, limpiando el cielo con los ojos y depositando mis memorias en las plazas con un maldito cigarro entre los dedos. Podría estar admirando las nubes de leche desde la azotea azul. Podría terminar de lavar los trastes, podría hacer alguna llamada telefónica. No, eso nunca. Podría contestar alguna carta atravesada, tan vieja que haya que soplar una capa gris de polvo antes de releerla. Podría plantar un árbol, escribir una novela, tener un hijo.

Podría leer todos los libros que he olvidado y estrenar los que me esperan impacientes en las repisas. Podría buscar el fantasma de mi gato. Podría perdonar a los que me lastiman. Podría reconciliarme con los que lastimo. Podría intentar escribir el infinito...

Y en vez... escribo sobre el agua.

Tuesday, September 16, 2008

Muerte en Morelia

Quienes me conocen de cerca -o que intuyen mis entrelíneas- sabrán que soy un sujeto básicamente descreído, casi rayando en lo indiferente.

Me encantan la ciencias y las artes, pero no me gustan mucho los humanos (¡paradoja de paradojas!). Creo en la paz y el respeto sobre todas las cosas, y me revientan –sobre todo- los individuos que no hacen más que quebrantarla.

Entre un mundo de ricos que tiran el dinero en las peores causas, y entre un mundo de gente pobre de bolsillo y pobre de educación, y entre un mundo de dementes abusivos repletos de poder, no sé qué decir ni qué hacer. Procuro equilibrarme en una tenue franja imaginaria donde creo que cabemos muchos… “Apaguen la televisión, no sean flojos, lean, eduquen a sus hijos, tomen buenas decisiones, no jodan al prójimo, ayuden al que les ayuda, traten al otro como quieran que los traten a ustedes...” Eso digo y eso defiendo abiertamente.

Construye tu mundo, destruye las convenciones, no te multipliques, vuelve a empezar, ráscate con tus propias uñas, piensa por ti mismo, y -sólo cuando estés listo- elige tu propio dios y construye tu propia autoridad…”, son la cosas que defiendo en mi modalidad más radical. Y como persona “madura” me confieso profundamente ignorante, porque creo que ninguna verdad es La Verdad. También puedo llegar defender la confrontación, aunque mi estilo personal es no ejercerla. Pero… ¿y la violencia?

A pocas cuadras del departamento estallaron dos granadas donde había gente indefensa. Mueren 7 y hay más de 100 heridos. Esquirlas, jirones de ropa, mucho dolor, el pavimento bañado de rojo.

Ariadna y yo estábamos en el Zócalo justo en ese momento, rodeados de una óptima vibra septembrina. Fuegos artificiales, sombreros, matracas, buen humor, banderas, luces tricolores y demás ingredientes. Mi poca tolerancia con las multitudes nunca me permitirá vivir la fiesta mexicana como es debido, pero en fin… ahí estábamos. Y debo reconocer que todo estaba muy bonito y más aún con la imborrable calidad urbana del Centro.

Sin ánimo de mentirles, no supimos ni presentimos nada. El tumulto era suficientemente grande, y los asistentes –incluido yo- suficientemente distraídos para no oler la tragedia sucediendo a unos cientos de metros. Un 15 de septiembre disfraza cualquier explosión en la distancia... Además, era mayor mi ansia por regresar a la casa: para dibujar, leer, fumarme un cigarro, navegar, lavar los platos, mirar el techo. Soy tan patrio como soy musulmán.

Volvimos a las 11:20 PM. Como una lenta bola de nieve, fueron entrando los mensajitos de celular, los mails, los comments, algún telefonazo preocupado. Un poco desconcertados, Ariadna y yo nos prometimos averiguar detalles al día siguiente. ¡Y qué detalles!

Ahora no puedo impedir que se filtre un poco de miedo y tristeza por debajo de la puerta. Y siento vulnerabilidad por toda la calle. Morelia, sumida en un largo feriado luctuoso, arrastró hoy un alma herida. A veces escucho risas infantiles en la calle -y aunque yo me río también, por otras cosas, porque la vida sigue- hay algo que no cuadra en la escena. No me parece correcto reír. Qué terrible contradicción. No se debe debe vivir así. No queremos vivir así.

¿Qué sigue? ¿Qué hacemos? ¿A quién culpamos? ¿A la mano abstracta del terror? Cada quien le pondrá la cara que más le convenza o le convenga. En ese sentido, lo que opine yo no importa. Callo por respeto a los muertos. :(